En el Perú, se hace evidente que la diversificación industrial es una necesidad, no solo por el empleo formal que genera, sino por la dinamización del trabajo, y las mejoras sistémicas que ha introducido en muchos países en vías de desarrollo. En ese sentido, la producción y uso de biocombustibles es una alternativa a los derivados de los combustibles fósiles, que someten al país a presiones relacionadas con la variación de sus precios, puesto que al ser importados, generan sobrecostos que afectan toda nuestra cadena productiva.

Años atrás, el Estado peruano decidió promover la producción y uso de biocombustible para reducir la dependencia de los combustibles derivados del petróleo, así como para disminuir emisiones de gases de efecto invernadero, tomando en cuenta la agudización del cambio climático, pero también advirtiendo su funcionalidad para promover el desarrollo de la agricultura en zonas con incidencia de cultivos ilícitos, como la hoja de coca destinada a la producción de clorhidrato de cocaína.

En la actualidad, son muchos los casos de zonas en la selva peruana donde la reconversión hacia este cultivo alternativo ha sido provechoso para los agricultores de las comunidades, que al cambiar hacia la palma aceitera, han encontrado un trabajo estable, además han pacificado áreas geográficas que antes estuvieran teñidas por la violencia del narcotráfico y violencia social. En total son 16 distritos de nueve provincias de las regiones de Huánuco, Loreto, San Martín y Ucayali que conforman un clúster de producción de la palma aceitera, cultivo que consideramos -por las razones expuestas- es el futuro de la matriz energética del Perú.

Dado que nuestro país aún cuenta con un potencial de expansión agrícola para la palma de 629,322 hectáreas, hoy es posible imaginar que, en plena producción, Perú podría generar una oferta potencial de 3.15 millones toneladas de aceite crudo por año, que equivaldría a 89.32 millones de barriles de biodiesel. Con una producción semejante, podríamos rescatar de las garras del narcotráfico a miles de familias de nuestra selva, que año a año enfrentan la pobreza o pobreza extrema y son tentadas hacia las actividades ilícitas.

Es momento de prestar atención a alternativas sostenibles como el cultivo de la palma aceitera con fines comerciales, dado que generan una economía sostenible en el tiempo para miles de familias, que tienen la necesidad de salir adelante como todos los demás peruanos, pero cuyos sueños se ven truncados por políticas de importación de combustibles que no los toman en cuenta.

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